martes, 20 de marzo de 2012

Primeros pasos dentro de la educación.

Siguiendo con el camino de la enseñanza, me dieron la oportunidad de entrenar a un grupito de cincuenta niñas junto con otras cuatro compañeras de mi equipo. Nada más escucharlo, no dudé ni un segundo en contestar que estaba encantada en ello.
Conforme pasaban los entrenamientos, me daba cuenta aún más de que eran los niños mi futuro. Empezabas la tarde organizando la sesión: comenzando con juegos para el calentamiento, improvisando historias para explicar la técnica, y finalizando con ejercicios que se acercaran lo más posible a una situación de partido.
Aprendí mucho de todo esto. Al final de la temporada, pude darme cuenta de que mis explicaciones eran mucho más entendibles, había cogido mucho más soltura a la hora de expresarme y no había problemas en cuanto a resolver momentos de tensión.
Cada niño me enseñaba una cosa diferente, me di cuenta que ser entrenadora no es tan fácil como parece. El simple hecho de tener a treinta niñas aprendiendo y que cada una de ellas lleve un ritmo de aprendizaje diferente, me hacía tener que individualizar los ejercicios y adaptarlos de alguna manera que todas pudiesen mejorar.
Creo que nunca voy a olvidar el día que empecé, tenía multitud de caritas sonrientes que se interesaban por tus palabras, que te escuchan como si fueses la persona más sabia que antes habían oído, todas querían ser el centro de atención y que mirases todos sus movimientos.
Son experiencias que siempre recuerdas con gran cariño, poder inculcar a un grupito de peques lo poco que sabes, y  ver que con el tiempo mejoran a base de esfuerzo y constancia es muy gratificante. No es solo el enseñarles a jugar a voleibol, sino que aprendan a convivir juntas, que cooperen y que crezcan en el mundo del deporte y la deportividad.


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