Podría empezar redactando miles de razones por las que ser maestra, pero puestos a rememorar el recorrido educativo, creo que el motor que me incita a querer formarme como profesora es el poder ayudar a otras personas a desarrollarse por ellas mismas.
Creo que no hay nada más gratificante que el ver que formas parte de algo, que has dado sentido a algo. Cada profesor va dejando un pedacito de su educación dentro de todos sus educandos, y el ser consciente de las mejorías que puedes llegar a conseguir a base de esfuerzo y dedicación me parece merecedor de todo alago.
Son muchos los porqués a dicha cuestión.
Todo el mundo tiene sus sueños. El mío siempre ha sido trabajar en un lugar cálido y acogedor, donde puedas expresarte con total libertad y cooperar con personas. El día a día del maestro es como un viaje, cada curso representa los vagones y nuestra responsabilidad corre tras ellos. Todos los años suben nuevos alumnos, y nosotros somos los que debemos adentrarles a ese viaje lleno de aventuras. Ayudarles crecer y desarrollarse como personas para en un futuro puedan hacerlo por ellos mismos.
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