domingo, 19 de febrero de 2012

La mágica infancia.

Uno de los periodos que con más emoción recuerdas, suelen ser esos días en los que lo único que te importaba era salir la primera al patio para coger el mejor columpio, o que llegase la hora de la merienda y no parar de jugar hasta agotarte. 
Recuerdo esa etapa como una gran historia en la que desde que abría los ojos perezosamente por la mañana, hasta que caía rendida por la noche en la cama, era un no parar de emociones y una continua tira de aprendizaje guiada por la imaginación.
Con el paso de los años te das cuenta, que toda esa variedad de cosas que hacías día a día sin sentido a la larga tienen un porqué. Desde dejar los abrigos en los colgadores al llegar a la escuela, hasta el ordenar los juguetes por colores o tamaños.
Esta es una de las razones por las que siempre me ha llamado la atención el mundo de la educación, todo deja huella, desde el más mínimo detalle, cosas insignificantes que a simple vista no se ven, poco a poco van forjando la estructura de una persona.


Desde primera hora de la mañana de la mano del compañerismo, la puntualidad y el orden todos juntos debíamos formar una larga fila para entrar en el aula. La profesora con gran alegría y sin que pudiéramos apreciarlo, nos adentraba a ese mundillo que es la socialización, el pasar de jugar y aprender tu solo en casa a tener que cooperar con diferentes compañeros. Era divertido, ya que cantábamos canciones y si todo salía bien nos premiaba con juegos a la hora del recreo.
Siguiendo la dinámica de aprender mediante la diversión, las clases se hacían muy divertidas. Recuerdo, que mis profesores durante este periodo fueron muy creativos, ya que a base de juegos, cuentos y manualidades me enseñaros cosas básicas para mi desarrollo personal.
Una experiencia de la  que más me acuerdo es de la manera que aprendí las letras, todas ellas eran personajes ficticios los cuales llevaban su emocionante historia, por la que aprendías a deletrear y escribir.
Todo ello son más determinantes por los que he decidido llegar hasta aquí y dedicarme a la enseñanza de dichas edades. Creo, que para todo profesor de educación infantil, cada día tiene que ser mágico, es una satisfacción inmensa el darte cuenta de que pequeñas personas pueden ir llenado ese saco que es la educación gracias a tu empeño y esfuerzo. El cómo hacerlo, queda como reto en tu imaginación, y me parece una de las cosas más gratificantes el poder afirmar que alguien ha aprendido gracias a tu eficacia y constancia bases y valores que son indispensables para su desarrollo.

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