Comenzando desde un principio, y destacando figuras vitales en mi vida, inicio desde la más antigua raíz de mi educación, una de las reflexiones más valiosas en cuanto a mi persona.
Es en esta ocasión en la que me gustaría centrarme en la familia, esa gran unión de personas que giran y giran a tu alrededor, de las que cabe destacar que me han llenado de grandes valores por los que puedo guiar mi educación.
La familia, esa pieza fundamental que consigue unir todo un rompecabezas, ese tallo que sostiene toda una gran unidad de momentos y que pese a toda carga que le pongas encima, nunca cae y con fuerte persistencia consigue sostenerte pase lo que pase.
Ilustrando la experiencia vivida durante mis primeros lazos con la educación, recuerdo una gran masa de cariño y humildad que supo moldear aquello que podría llamarse “proyecto” de persona. Mi familia fue la encargada, de darme los primeros valores educativos.
Cuando no era consciente ni siquiera de que estaba dando mis primeros pasos, diversidad de valores ya se habían adentrado en mi día a día. A base de rutina, mis padres inculcaron en mi la tolerancia y el respeto como base primordial ante toda situación. Seguido de ello tanto la solidaridad, el compañerismo, como los diferentes hábitos empezaban a controlar mis actos.
Y, ¿Por qué la familia? Porque creo que es la primera imagen que tomas como referencia, de la que tomas tus bases, y la que te enseña y ayuda a ir estructurando tus principios educativos, con los que poder desenvolverte en un futuro.
Tienes que coger ritmo. Te falta una entrada de la semana pasada y tres de ésta... El enfoque, el estilo, lo tienes. ¡Adelante!
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